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El trasplante renal de donante vivo se impone en Catalunya


El trasplante de riñón es uno de los escasos intercambios de órganos humanos en que es posible que donante y receptor estén vivos. Y que se conozcan, ya que en el 98% de los casos se trata de una cesión entre familiares. Así ocurrió con el 25% de los 524 trasplantes de riñón que se hicieron en Catalunya en el 2009

Una opción que los médicos consideran claramente ventajosa para la salud del receptor, frente a los trasplantes que se emprenden con órganos de un donante cadáver. Además de recurrir a hermanos, maridos o padres por razones de proximidad e incluso similitud inmunológica, se opta por que sea así para evitar lo que el doctor Federico Oppenheimer, responsable de la unidad de trasplante renal del Hospital Clínic, define como «relaciones extrañas», es decir, el comercio o la coherción a alguna persona para conseguir sus órganos.

El servicio del doctor Oppenheimer realizó 63 de los 131 trasplantes de riñón procedente de donante vivo emprendidos en Catalunya el año pasado. Es el centro español que realiza más intervenciones de este tipo. Uno de esos trasplantes fue posible gracias al gesto que Marc Crespo, de 40 años, empresario de comunicación de Barcelona, tuvo con su hermana, de 37, que sufría insuficiencia completa en los dos riñones. Su única perspectiva era recibir dos o tres sesiones de diálisis semanales para desintoxicar la sangre.

«Ella nunca me pidió nada, pero yo ni me lo pensé: era consciente de cómo hipotecan la vida las sesiones de diálisis», explica Marc Crespo. Los médicos le dijeron que había hecho un «superregalo» a su hermana. «Mi riñón es muy bueno», dice. La operación se hizo el 30 de septiembre pasado en el Clínic. Los dos hermanos entraron en el quirófano al mismo tiempo, para que el órgano cambiara de cuerpo en caliente, con nulo deterioro. Un mes después, la vida de Marc volvía a ser como siempre. No ha notado nada, asegura. «Cuando veo a mi hermana, siempre pienso si mi riñón seguirá funcionando bien –confiesa–. Me siento responsable de que le responda bien».

El principal beneficio para quien recibe un riñón ajeno de donante vivo es la duración de la vida válida de ese órgano. Si procede de un cadáver, el riñón funciona de forma correcta durante una media de 10 a 15 años, tras los que se impone un nuevo trasplante. Si lo ha cedido una persona viva, ese plazo alcanza los 20 años, o incluso los 25 si, como es el caso de Marc, donante y receptor son hermanos con un sistema inmunológico casi idéntico. El órgano vivo no ha sufrido el deterioro que necesariamente ha afectado al riñón de quien ha muerto por crisis cardiovascular, diabetes o un infarto. «El trasplante con riñón de donante vivo es mejor en todos los sentidos –resume Oppenheimer–. Evitar la diálisis es un cambio radical para esos enfermos. Muchas veces, han de dejar de trabajar».

Esta alternativa, no obstante, es aún minoritaria. En Catalunya existen en la actualidad más de 4.000 personas con insuficiencia renal crónica que reciben sesiones de hemodiálisis. De ellas, 1.100 están en lista de espera para acceder a un trasplante de riñón, el órgano más intercambiado y con más demanda. «Darle un riñón a mi hermana es lo mejor que he hecho en mucho tiempo», asegura, satisfecho, Marc Crespo, que anima a que se le imite.

Otra forma de captación de órganos incorporada recientemente en Catalunya es la que procede de personas que sufren un accidente mortal o una muerte súbita en la calle. Si un equipo sanitario llega junto al fallecido antes de transcurridos 10 minutos tras la muerte, reactivan con masasje cardiaco el latido del corazón, bombean oxígeno a los pulmones y trasladan al fallecido a un hospital. En paralelo, se busca a los familiares del accientado para preguntarles si acceden a la donación de esos valiosos órganos.

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